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Mitos y Leyendas: La leyenda del Pehuén

La leyenda del Pehuén cuenta como este magnífico árbol salvó de la hambruna a un pueblo que ya no encontraba alimento.
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Foto Shutterstock
  • Genny de Bernardo te comparte la leyenda del árbol Pehuén de los mapuches.
  • Una hambruna ataca a una tribu y cada vez más cerca el fin de su existencia.
  • Existía un árbol que tenía frutos, pero no los comían porque se consideraban sagrados.

Según cuenta la antigua leyenda, desde tiempos inmemoriales, Nguenechén propició el crecimiento del Pehuén en vastos bosques.

Al principio, los indígenas, al considerarlo un árbol de carácter sagrado, lo veneraban con reverencia y evitaban consumir sus piñones.

Bajo su sombra, ofrecían presentes de carne, sangre, incienso, e incluso se entregaban a diálogos confidenciales, compartiendo sus culpas. Los frutos caían al suelo sin ser aprovechados.

En una ocasión, la comarca experimentó una larga escasez de alimentos que afectó gravemente a los habitantes, especialmente a los niños y ancianos, quienes padecían hambre.

La búsqueda de alimentos

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Los jóvenes partían en busca de alimentos como bulbos de amancay, hierbas, bayas, raíces y carne de animales salvajes, pero regresaban con las manos vacías.

Parecía que sus súplicas no alcanzaban a Dios, y la hambruna persistía.

Sin embargo, Nguenechén no los abandonó. Un día, uno de los jóvenes que volvía desesperanzado encontró en su solitario camino a un anciano de larga barba blanca que lo aguardaba.

«¿Qué buscas, hijo?» inquirió el anciano «Alimento para los miembros de mi tribu que mueren de hambre, pero, lamentablemente, no he hallado nada» respondió el joven.

El fruto del Pehuén

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«¿No son comestibles los abundantes piñones que yacen en el suelo bajo los pehuenes?,» preguntó el anciano, sonriendo. «Los frutos del árbol sagrado se consideran venenosos, abuelo» contestó el joven.

El anciano de la barba blanca lo miró con una sonrisa y le dijo con firmeza: «Hijo, a partir de ahora, recibirán los piñones como un regalo de Nguenechén.»

«Hiérvelos para que se ablanden o tuéstalos en el fuego; tendrás un manjar exquisito. Almacénalos en silos subterráneos y tendrás comida durante todo el invierno.»

Luego de estas palabras, el anciano se desvaneció en la niebla. Asombrado, el joven siguió su consejo, recogió una gran cantidad de piñones en su manto y los presentó al cacique de la tribu, explicándole lo ocurrido.

Fin de la hambruna

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Todos se reunieron en asamblea, y el jefe compartió la historia, diciendo: «Nguenechén ha descendido a la tierra para ayudarnos.»

«Seguiremos sus consejos y nos alimentaremos de los frutos del árbol sagrado, que le pertenecen solo a él».

A partir de ese momento, disfrutaron abundantemente de los piñones, tanto hervidos como tostados, y celebraron el acontecimiento con una gran festividad.

La escasez desapareció, y cada año cosechaban una gran cantidad de piñones que almacenaban bajo tierra, manteniéndolos frescos durante mucho tiempo.

Plegaria

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Cada día, al amanecer, los mapuche rezan con un piñón en la mano o una ramita de Pehuén, mirando al cielo en un ritual elevado hacia Nguenechén:

«A ti te debemos nuestra vida, y te suplicamos a ti, el grande, nuestro padre, que no permitas que los pehuenes perezcan.»

«Deben multiplicarse como lo hacen nuestros descendientes, cuyas vidas te pertenecen, al igual que los árboles sagrados».

Mitos y Leyendas se despide de ti y espera que la leyenda del Pehuén haya sido de tu agrado. ¡Hasta la próxima!

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