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Mitos y Leyendas: El Enigma de la Gruta de los Sapos

Existe una leyenda acerca de unos sapos en una gruta que tienen un canto y mirada tristes. Algunos dicen que su verdadera forma no es esa.
2024-01-03T13:37:35+00:00
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Shutterstock, Los sapos de la gruta
  • Genny de Bernardo te cuenta la leyenda de los sapos de la gruta.
  • Los sapos de esta gruta parecen estar atados por algún tipo de soga que no los deja abandonar el lugar.
  • La mirada y canto de estos sapos es triste y muchos dicen que no son sapos en realidad.

En el camino hacia Guañacagua se encuentra una gruta poblada de sapos con miradas melancólicas y cantos inquietos, como si estuvieran atrapados por una cadena invisible en las cercanías de un pozo de agua dulce.

Curiosamente, son las mujeres quienes se aventuran a buscar agua en lugar de los hombres, evitando encontrarse con los ojos de estos sapos que parecen implorar auxilio con sus miradas tristes.

Existe una leyenda que sostiene que esos no son simplemente sapos, sino que en tiempos antiguos, cuando aún se podía comunicar con las estrellas, había un pueblo completo junto a la gruta.

Este pueblo prosperaba con sus cultivos, rebaños, casas de adobe y hermosos patios, abrazado por los cálidos vientos del buen Waira y el cariño de la Pachamama.

El pozo se lleva a los hombres

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Sin embargo, todo cambió cuando un arroyo cristalino comenzó a fluir desde lo alto de la montaña y se acumuló en el pozo maldito que precede a la gruta.

Nadie sabe por qué este agua descendió, tal vez los habitantes del pueblo ofendieron a los dioses y las estrellas se negaron a revelar la causa del castigo.

Este pozo fue una maldición que gradualmente se llevó a los jóvenes varones del pueblo uno a uno, dejando a los ancianos y las mujeres solas para lamentar la pérdida de esposos, amantes, amigos y valientes hijos.

Este castigo destruyó al antiguo pueblo por completo, sin dejar ni rastro de su existencia.

Un ser seduce a los hombres

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Se dice que al principio, una hermosa mujer desconocida se bañaba en las aguas del pozo, aparentemente relacionada con las lupakas, antiguas prisioneras de los incas que solían habitar cerca del Titicaca mientras cultivaban tubérculos y huano.

Esta enigmática mujer se movía con una gracia que parecía no tener peso, como las totoras que se mecían con la brisa veraniega.

Los hombres quedaban hechizados por su mirada y las mujeres, incluso las esposas, no podían hacer nada contra su encanto maligno. Esta mujer era, sin duda, malévola y poseía habilidades hechiceras.

Fue así como gradualmente atrajo a los hombres del pueblo hacia las aguas, seduciéndolos desde el fondo del pozo con su llamado, que sonaba como el graznido salvaje de una garza nocturna.

Los sapos prisioneros

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Cuando finalmente no quedaron más hombres en el pueblo, las mujeres y los ancianos se vieron obligados a abandonarlo, nunca regresando.

Nunca presenciaron cómo los sapos, de distintos tamaños y colores, salieron uno tras otro del pozo.

Estos sapos, que aún después de incontables días y noches, lluvias y vientos, así como guerras, saltan sin alejarse nunca, permanecen unidos por una cadena invisible al pozo.

Sus ojos están llenos de tristeza, y su canto parece un lamento que atraviesa el aire.

Los sapos de la gruta

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A pesar de que la lupaka nunca más fue vista cerca de la gruta y que ni siquiera quedó un rastro de la existencia del pueblo antiguo, las mujeres de los pueblos cercanos siguen acercándose a la gruta en busca de agua, como sus madres antes que ellas y las madres de sus madres.

Evitan cuidadosamente encontrarse con los ojos apesadumbrados de los sapos, como si esa tristeza les perteneciera, como si esos ojos fueran una ventana a su propio pasado.

Así continúan, en el camino a Guañacagua, junto a la gruta.

Mitos y Leyendas se despide por el momento y espera que la leyenda de los sapos de la gruta haya sido de tu agrado. ¡Hasta la próxima!

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