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Mitos y Leyendas: El maíz del pueblo Chippewa

La Leyenda Chippewa del Maíz es un recordatorio a valorar a la Madre Tierra y sus regalos. ¿Qué hicieron para desatar la hambruna?
2023-10-06T14:19:19+00:00
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  • Mitos y Leyendas comparte la Leyenda Chippewa del Maíz.
  • Una historia que nos recuerda la unión que tenemos con nuestra Tierra.
  • También, una que invita a reflexionar acerca de los desperdicios que cometemos en ocasiones.

Hace muchos años, en una tierra habitada por el pueblo Chippewa, existía un magnífico campo de maíz que parecía no tener fin.

La cosecha era tan abundante que los miembros de la comunidad se volvieron orgullosos, arrogantes y derrochadores.

Comían más de lo necesario y permitían que los granos se pudrieran en los campos. Los niños jugaban con las mazorcas y las arrojaban al cielo sin cuidado.

Cuando la gente estaba saciada, enterraban el maíz restante y se iban a cazar.

La leyenda Chippewa del maíz

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Sin embargo, a pesar de que abundaban los ciervos y los conejos en grandes manadas, los cazadores no podían capturar ni uno solo.

Parecía que disparaban sus flechas a ciegas, ya que los animales siempre eludían sus disparos. La comida fresca escaseaba, y pronto la comunidad agotó las reservas que habían llevado consigo.

El hambre comenzó a apoderarse de ellos, y se dieron cuenta de que habían olvidado el maíz que habían guardado en sus hogares.

Enviaron a algunos hombres a recuperar el maíz, pero lamentablemente, los ratones lo habían encontrado antes y se habían comido todo.

Un hombre decide aislarse en el bosque

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La tristeza y la desesperación se apoderaron de la comunidad. Se preguntaron por qué estaban siendo castigados y continuaron buscando respuestas mientras tocaban sus tambores y entonaban cánticos sagrados.

Sin embargo, entre ellos, un hombre no había participado en el derroche del maíz y estaba profundamente entristecido por el trato que le habían dado al regalo del Gran Maestro de la Vida.

Decidió alejarse y buscar la soledad del bosque. Mientras se alejaba, escuchó los tambores y los cánticos a lo lejos.

Finalmente, llegó a un claro en medio de un pequeño pantano. Allí encontró un montón de tierra con una especie de choza hecha de madera de álamo.

El Dios del Maíz

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Desde el interior de la choza, escuchó gemidos y lamentos. Su curiosidad lo llevó a entrar, donde encontró a un pequeño ser tumbado sobre pieles sucias y viejas. Este ser estaba pálido, enfermo y desamparado.

El pequeño ser comenzó a hablar y reveló su identidad: era el Espíritu del Maíz. Explicó cómo había sido maltratado y abandonado en ese lugar, y cómo su sufrimiento había llevado al hambre y la desgracia a la comunidad.

Les recordó a todos que los amigos no deberían herirse mutuamente.

El visitante quedó conmovido al darse cuenta de quién era aquel ser y escuchó con atención sus lamentos.

Los Chippewa cuidan del maíz

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El Espíritu del Maíz continuó describiendo su miserable situación, sin agua ni ropa, rodeado de bestias del bosque que amenazaban con devorarlo.

El visitante prometió regresar con su pueblo y contarles lo que había presenciado. El Espíritu del Maíz les recordó a todos la importancia de cuidar y respetar el maíz, el don sagrado que habían recibido.

Con esta promesa en mente, el visitante regresó al campamento y compartió la historia del Espíritu del Maíz con su comunidad.

La comunidad se sintió profundamente conmovida y se dio cuenta de la gravedad de sus acciones. Volvieron a sus campos descuidados, donde las malas hierbas habían tomado el control, y los prepararon para plantar.

Respeto por la cosecha

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Con cuidado y respeto, sembraron los granos de maíz que les quedaban y cantaron los cánticos sagrados durante la siembra.

Esperaron pacientemente hasta la época de la cosecha y, para su alegría, obtuvieron una abundante cosecha. Aprendieron la lección de respetar el maíz y no desperdiciar sus bendiciones.

Cuando fueron a cazar nuevamente, tuvieron éxito, ya que habían cambiado sus actitudes y se habían arrepentido de su voracidad y derroche. Así, la comunidad Chippewa aprendió la importancia de cuidar y valorar los dones que les proporcionaba la Tierra y cómo el derroche y la falta de respeto podían llevar a la desgracia.

A partir de ese día, honraron al Espíritu del Maíz y vivieron en armonía con la naturaleza, mostrando gratitud por sus bendiciones. ¡Genny de Bernardo se despide y espera que te haya agradado la leyenda Chippewa del maíz y te dice hasta luego!

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