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Mitos y Leyendas: La historia de las lamparitas del bosque

Te compartimos una historia mapuche acerca de la aparición de unas lamparitas en el bosque que se transformaron en una flor hermosa.
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  • Mitos y Leyendas te presenta la historia mapuche de las lamparitas del bosque.
  • Es una historia que explica el origen de una flor hermosa.
  • También, la fusión de la naturaleza con el hombre para terminar con la maldad.

Hace mucho tiempo, en un volcán, vivía un brujo malvado. Era como el jefe de brujos menores. Este era muy malo, aunque se sentía culpable de las fechorías que hacía.

El pueblo que habita relativamente cerca del volcán le echaba la culpa de todos los males que ocurrían en el pueblo. Algunos de estos, efectivamente, era obra del brujo, pero no siempre era el caso.

La gente le temía al brujo. Para calmar su furia y evitar sus maldades, la gente del pueblo le daba un tipo de ofrenda para que se mantuviera contento. Se trataba de una especia de chicha que encantaba al brujo malvado.

Para que él pudiera agarrar esta, tenía que recorrer un bosque grande. Sabía que la chicha lo pondría en un estado alcohólico, así que dejaba unas lamparitas que le indicaban el camino de regreso.

El trayecto del brujo malvado

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Dicen que se llenaba de esta bebida para olvidar sus maldades. No había explicación para este sentir del brujo. Cuando iba para hacerse de la bebida, dejaba fuego del volcán y las colocaba por los árboles.

«De esta forma, no me perderé sin importar qué tan borracho esté». Cuando iba de regreso, se lamentaba de lo malo que era. También cantaba canciones, «Soy un gordito que se lleva el viento y tengo cosquillas de puto contento».

Escuchaba la risas de los niños que estaban por esos rumbos. Los pequeños se reían, pero, lejos de molestar al brujo, le causaban una especie de gracia. Sabían que borracho no causaba daño a nadie.

Recordaba cosas lindas de su infancia y decía, «¿por qué soy malo? Es verdad, mi madre es una serpiente y mi padre un diablo. ¿Qué más podría esperar?» También decía, «pero nací bueno. Lo recuerdo». El brujo lloraba mucho así.

Las lamparitas del bosque

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Cuando iba de regreso a su volcán, se olvidaba de apagar las luces de los árboles. Entonces, estos se quedaban con una especia de lampara colgando de ellos que era hermosa.

Para suerte del brujo, las ofrendas no podían ser parte del invierno y de las épocas de lluvias debido a que estas apagarían las lamparitas y él no podría encontrar el camino a casa.

Cuando esto sucedía, se disponía a descansar de sus borracheras en su volcán y dormía durante mucho tiempo hasta que pudiera volver a contar con las lámparas del bosque.

El pueblo descansaba del brujo. Pero, en una ocasión, la lluvia y el invierno duraron mucho más de lo que usualmente tarda y esto desató la molestia del brujo, quien mostró su descontento con el pueblo.

La ira del brujo

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Cuando terminó la temporada inusual, el brujo se dispuso a ir en búsqueda de la chicha. Ese año hubo un montón de lamparitas en el bosque, mucho más que los otros años. Su amigo cheruve le ayudó con más fuego.

Aunque el pueblo le ofreció su ofrenda predilecta, este no se sació por completo, lo cual ocasionó su furia. En castigo por esto, atacó sus sembrados y terminó con ellas.

El brujo uso su poder para podrir las cosechas de papas de los pueblos. Para la desgracia de la gente, estos no sabían que esto estaba ocurriendo, solo lo descubrieron cuando un olor empezó a sentirse.

«Pero qué peste más grande… ¿Qué puede ser?» en ese momento se percataron que venía de sus cosechas de papas, y cuando las quisieron sacar, se vieron noqueados por el olor. La preocupación llegó a ellos.

La gente del pueblo se reúne

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«¡Qué comerán nuestros pequeños ahora!» Exclamaron las personas. «Esto no se puede quedar así. Tenemos que tener algún plan, algo debemos hacer para estar a salvo». Decidieron hacer una junta.

El tema de la reunión era obvio, qué hacer con el brujo. Los jefes y los dueños de las tierras querían soluciones pronto. Algunos dijeron, «hay que dejarle la ofrenda, y cuando esté borracho…¡le damos una paliza!».

Otros dijeron que esta no era buena idea, ya que el brujo podía transformarlos en peces, ranas o quién sabe qué otra cosa. «¿Qué tal si le ponemos algo en la chica? De esa forma, le dolerá el estómago y ya no tendrá ganas de molestar».

Pero otros dijeron, «Que tal que se enoja y nos mata». Todos se asustaron. Con las ideas acabándose, un anciano sabio se aproximó a la gente y dio una idea para hacer frente al brujo.

Pidiendo ayuda a los espíritus

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El anciano dijo que para hacer frente a ese ser, tenían que pedir la ayuda a los espíritus de la naturaleza y no solo eso, sino que cada familia debían pedir ayuda a su animal protector.

«Tenemos que pedir ayuda a los espíritus de la naturaleza: al agua, a los árboles, a los peces. ¡Actuar con inteligencia  y unión hará que logremos la victoria». Así, todos fueron en búsqueda de la ayuda de los espíritus.

Las familias llamaron a su animal protector y otros fueron a las colinas para platicar con el guanaco; otros, a la selva con el puma; otro más, a la orilla del mar con los delfines, y también fueron a la montaña, con el águila blanca.

Los que estaban en la selva, se pusieron en contacto con los árboles, quienes tenían pensamientos profundamente reveladores para esta tarea de grupo. Sin embargo, fue un espíritu el que dio con la solución.

El espíritu del Canelo

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Este espíritu fue el que tuvo el consejo más sabio, «el brujo necesita sus lamparitas del bosque para venir y regresar. Si se las quitamos, no podrá hacer nada». Así, nos dejará en paz.

La gente quedó fascinada con el plan y se propuso a comenzar con él. Todos ayudaron, animales, flora y personas. La solución también agradó porque no implicaba nada de violencia.

Quedaron en que el plan sería emborrachar tanto al brujo, que no podría defenderse o percatarse de la desaparición de las lamparitas del bosque.

Todos comenzaron a ponerse de acuerdo en el rol que tendrían para esta misión. Poco tiempo después de esto, ya todos tenían un papel dentro de este plan de batalla.

El plan para el brujo

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Los hombres juntarían los ingredientes para la chicha; las mujeres y niñas harían la bebida; una vez preparada la bebida, que era en grandes cantidades, jarras y jarras, el viento llevaría el olor al brujo.

Cuando el brujo estuviera borracho, cada hombre, niño y animal tomaría una lamparita para que el brujo no pudiera hallar el camino de regreso a su volcán.

Todo estaba listo. La bebida fue colocada en el lugar de costumbre. El viento hizo de las suyas. El olor fue llegando al volcán y despertó al brujo. «¡Oh! ¡Qué olor más agradable!», dijo el brujo.

«¡Esos han aprendido su lección y me han preparado la bebida!», el brujo fue con su amigo cheruve a buscar el fuego, y le dijo que sí, siempre y cuando le trajera una jovencita para que él comiera.

El plan en marcha

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El brujo, ya con el fuego para las lamparitas del bosque, salió en busca de su chicha. Encendió bastantes luces. Llegó a donde la ofrenda y exclamó, «¡oh! Veo que el maltrato funcionó. ¡Qué rica chicha me han ofrecido!».

«La próxima vez iré tras los manzanos, pues veo que funciona muy bien esto». Ya entrada la noche, estaba completamente borracho. Debido a esto, se le olvidó la pequeña para el cheruve.

El brujo malo ya estaba tan borracho cuando se dispuso a irse. Cuando estaba de regreso, las lamparitas del bosque ya no estaban. «¿¡Dónde están las luces!? ¡¿Quién se está riendo!?» Pues oía las risas de los niños traviesos.

El puma las guardó con su garra; el hombre, con sus mantas, y las niñas corrían con ellas en mano. Suplico que le regresaran sus lamparitas pero se negaron todos a ello.

La aparición del Copihue

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Este malvado brujo prometió muchas cosas para que le devolvieran sus luces, pero el Gran Espíritu le dijo que no, pues no se puede creer en las promesas de una borracho. Mas lo ayudaron a regresar a su volcán.

Ya de regreso, el cheruve le reclamó por su promesa de una pequeña para comer. Se enojo tanto que le dijo que jamás le daría fuego de nuevo por su falta de palabra. El brujo estaba furioso, pero no pudo hacer nada.

Jamás pudo regresar al bosque. Para sorpresa de muchos, las luces que le quitaron, cada año se mostraban en forma de una flor nueva llamada copihue, que cuelgan en las ramas de las selvas y bosques, e iluminan hermosamente este.

Mitos y Leyendas se despide por el momento y  espera que ye haya agradado esta historia y también agradece que hayas llegado hasta aquí. Nos vemos en el próximo relato.

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